Pero primero hay que ver un poco como es el pueblo. Nada en especial, una playa grande al lado de las montañas, todo lleno de unas algas enormes... Vamos lo normal por estas latitudes. El caso es que al final nos vamos pronto al mirador de los marineros. Pero al aparcar el coche, catástrofe, hay que caminar cuesta arriba un rato, con lo cual ya se pueden imaginar los comentarios del tenor y soprano venidos del hemisferio Norte. Yo la verdad que cuando ya llegue arriba sólo tenía ganas de poder volar.
De repente Celia dice ¡Para! ¡Para! ¡Qué hay un koala! Y no era uno, había varios. Y una incluso llevaba el Joey y todo. Desde luego la capacidad de observación de esta chica nunca me dejará de sorprender (para el que no lo sepa, los koalas duermen unas 20 horas al día, y se caracterizan por estar totalmente quietos en las ramas de los árboles y el color del pelo es el mismo que el de la corteza del Eucalipto).
Y ya después un poco de coche y por fin aparece Melbourne al fondo.
Pero al final conseguimos llegar al Windsor.
Las fotos del día abajo.
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| Apollo bay - Melbourne |






